“(…) para causar la ruina de quienes están arruinando la tierra.” Rev. 11:18
Mientras el amor requiere la presencia amada como de la correspondencia de afectos mutuos para alimentarlo, por el contrario, el temor le basta con alimentarse de las debilidades y la ignorancia que anidan en nuestro mundo imaginario; el temor ejerce un poder de influencia mayor sobre nuestra vida que el amor. Ante lo cual, se invoca piadosamente fuerzas benéficas y protectoras para luchar contra fuerzas maléficas imaginarias.
Sobre el tosco e irregular mármol, el escultor plasma sus ideas y sentimientos en la delicada expresión y la forma de una escultura para deleite del público que ante su belleza, se reencuentra con la vida a través de la sensibilidad de su creador. Así, como en la naturaleza y el milagro de la vida se manifiesta a través de su belleza la voluntad y plenitud vivificadora del creador divino. Creador divino y creador terrenal comparten el propósito común de exaltar la belleza a fin de despertar nuestra sensibilidad y el amor hacia la vida para deleite y gozo del espíritu.
La teología por ser un credo para “la vida eterna” se despreocupa de la vida terrenal y ante lo cual, las iglesias en lugar de concientizar a sus millares de creyentes ante un inminente desastre ambiental, más que recurrir al amor hacia la vida, que se supone creación divina, recurren a la literatura escatológica para alimentar el temor bíblico.
Quienes destruyen la tierra continúan haciéndolo a falta de oposición de quienes por negligencia o inconsciencia y más aún, de quienes ven en su indolencia espiritual las señales del apocalipsis, sin entender, que nuestro desinterés se resume en el agorero acertijo bíblico, de que por obra del salvajismo de unos pocos sumado a la desidia de la mayoría, el final inevitable lo asumiremos todos.
Se pretende ignorar que entre el bien y el mal, somos todos quienes con nuestros hechos u omisiones contribuimos a entretejer un suicidio planetario. Más aún, de quienes en su egoísmo espiritual, en lugar de preservar y defender un futuro para su descendencia, solo buscan la “salvación” propia y la comodidad de depositar en fuerzas benéficas imaginarias, la fallida suerte de triunfar contra los reales demonios de su ignorancia e irresponsabilidad.
Más que “salvar almas” necesitamos humanizar la idea que se tiene de Dios.
Silvio del Valle.
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