sábado, 24 de julio de 2010

Catarsis



Nos entreteje una espesa urdimbre de frustraciones y sentimientos encontrados, de ideales y metas irrealizadas y ¿qué decir de nuestros deseos mas íntimos y profundos?
El sexo y nuestros ideales conviven con otra realidad social paralela que al negarlos se traduce en fantasías. Maniatado entre la mazmorra de los prejuicios morales y religiosos, se halla Eros ocupado en lo único que sabe hacer: soñar, imaginar y desear. Siempre despierto y al asecho describe nuestra biografía interior, una inhóspita geografía donde la moral cobra su verdadero concepto: el miedo colectivo de presenciar al hombre en toda su desnudez interior.

Del otro lado, la realidad social con sus custodios del orden y las buenas costumbres, no pueden prescindir de los psicólogos, psiquiatras y de los infaltables pregoneros de “la buena nueva”. Estos caudillos espirituales en particular, invitan a conjurar los “demonios” interiores entre una camisa de fuerza espiritual y evacuarlos en los espacios habilitados para el arrepentimiento , la fantasía mística y las lágrimas; coreografía engalanada con señales e intervenciones divinas.
Es lo que constituye el éxito taquillero de las iglesias cristianas: la exaltación de los sentimientos masoquistas como terapia grupal.

El confeso librará su larga y no siempre victoriosa batalla contra su animal interior en árida penitencia, donde la expiación le ofrece una curiosa radiografía psicológica como penitente. Su conversión no es más que una parodia donde sus instintos se subliman convirtiéndolos en otra pasión; el arrepentimiento busca con la misma proporción e intensidad compensar con fervor el mismo grado con el cual practicaba un vicio. Un principio de compensación que busca contrarrestar una compulsión pecaminosa por otra compulsión religiosa. En esencia, se trata de la misma enfermedad excepto que cambia de forma y género.

La prostitución en oferta abierta para ambos sexos desempeña un papel social vital por cuanto sabe encarnar como fetiche un sinnúmero de fantasías que la frigidez moral reprime, represa y amenaza desbordar.

Hombres y mujeres, son los mejores psicoterapeutas sexuales y justo es reivindicarles un digno lugar donde hay tanto espacio abierto entre una sociedad que se teme a si misma viviendo agazapada en su hipocresía.

Silvio del Valle

domingo, 11 de julio de 2010

Los sonámbulos


Un amigo me expresaba su deseo, aunque fuera por un momento, de estar dentro del alma de un artista para ver las formas y los colores, donde la gente corriente no percibe nada por que todo lo ve en blanco y negro.

Y no podrán ver nada en tanto que solo sientan y se piense en blanco y negro; la infelicidad del que no ve es, precisamente, la infelicidad del que ve. Mientras los primeros deambulan dormidos, los segundos permanecen despiertos en su obsesiva perseverancia de despertar a este mundo de sonámbulos, no solo por que se necesita compañía si no también el apoyo de lidiar con la carga de los que se quejan o no y por ser de todos, es con todos los durmientes, los que ven en blanco y negro, con quienes necesitamos soñar y construir un mundo nuevo.

lunes, 5 de julio de 2010

INTERLUDIO


Al igual, que la grácil doncella se abre tempranamente a su belleza enseñándonos sus encantos, y eclipsados con la suave fragancia de sus feromonas que la visten con gracioso aire y coquetería, del mismo modo, el capullo de flor abre sus pétalos exhibiendo el colorido y la simetría de su forma y en su fragancia, invita para su polinización a la frágil mariposa, la abeja laboriosa y al colibrí a libar el néctar de su polen. A lo largo y ancho de la tierra, la naturaleza en todo su esplendor rezuma de vida en una sucesión de instantes plenos y hermosos pero también transitorios y perecederos.
Como única especie, hemos logrado capturar esos instantes e inmortalizarlos en las artes y con la religión, la filosofía y la ciencia intentamos comprender el sino de la vida y de nuestra existencia. Probablemente, sea Dios solo un "sustantivo" con el cual conjugamos en la belleza de la vida nuestra embriaguez de vivir eternamente; quizá sea solo un nombre para abarcar el misterio del universo y evocar en nuestra contrariedad interior, nuestro anhelo de inmortalidad ante el destino inevitable de la muerte.


Silvio del Valle