sábado, 22 de mayo de 2010

El dedo en llaga


"El hombre creó a Dios a su imagen y semejanza"
Nietzsche

Este engorroso tema del celibato que busca legitimar su insanía, tiene su cobertura histórica en la biblia y ante lo cual, forzoso es abordar un espinoso tema que para el caso, es preciso nombrarla dada la referencia que de ella se hace por que nos ofrece un doble significado, un sentido despectivo.

Se dice que María, la madre de Jesús, "fue sin pecado concebida". Dicho sea de otro modo, nos insinúa implícitamente que nuestras madres son y serán siempre en pecado concebidas y por lo tanto, no seríamos hijos del amor sino hijos bastardos del pecado de la lujuria.

No es la primera vez que se nos maltrata a nuestras madres, incluso, de parte del clero es un escupitajo que se revierte contra el vientre materno que los concibió y dolorosamente los parió; efecto espurio del amor maternal y terrenal en apostasía de la vida convertida en teología.


José que no era un hombre estéril fue extirpado de su escena biológica y convertido en el primer cornudo de la historia de la cristiandad ante una concepción vía espíritu santo, primer experiencia en ingeniería genética de su época, tal vez, por ósmosis, quién sabe y en una decisión divina que pareciera abjurar de lo creado, de nuestra manera de multiplicarnos.

La procedencia divina de Jesús y su vida célibe, sus ministros también en ejemplo de castidad pone de manifiesto a la mujer como un ser no santo y corrobora de paso nuestra bastardía como fruto del pecado carnal y en su defecto, hace explícita la xenofobia divina en cuanto a que el orden providencial no se mezclará nunca con el orden terrenal. Paradógicamente y del otro lado, Dios creó a Eva de una costilla de Adán, algo así como para todo hombre una mujer y exhorta además a multiplicarnos. Una contradicción de hecho y de palabra que despierta una pregunta ¿No será la fobia al sexo especialmente con una mujer, una manipulación bíblica fabricada en esos advenedizos conciliábulos eclesiásticos, o, tendríamos que admitir en las ambigüedades bíblicas, algunas lagunas mentales en la voluntad divina, que se supone sabia, recta y ordenadora?

En lo personal, mientras viva y en pleno uso de mis facultades mentales, he de poner siempre que pueda el dedo en la llaga.

Silvio del Valle

domingo, 16 de mayo de 2010

Silencio divino


El eje teológico es simple pero de una eficacia sin precedentes y ante el poder económico y político alcanzado, se inclina el pueblo humilde, otrora los monarcas y hoy convive con la democracia y hasta con las tiranías, a fin de no perder su territorio espiritual. Este proceso de adaptabilidad y tolerancia que en el reino animal corresponde en algunas especies para sobrevivir a los depredadores, se denomina mimetismo; el silencio sepulcral y antisemita del papa Pío XII ante el genocidio nazi es un ejemplo emblemático.
A las preguntas sin respuestas ante el más allá, se alimenta el temor a lo ultraterrenal y la literatura escatológica sobre el apocalípsis y el juicio final se irriga a lo largo y ancho del tejido social. Con el timo del infierno y la promesa de ser salvos, las iglesias de todo pelaje y denominación usan la conciencia colectiva como cepa de cultivo para su metástasis religiosa; junto con la industria armamentista, el petróleo y el negocio de los estupefacientes, las iglesias son otro de los negocio más lucrativos, legal, exonerados de impuestos y sin ninguna fiscalización.
A mayor ignorancia mayor fanatismo, particularmente, parece el eslogan de las iglesias evangélicas al fomentar la idea sobre los peligros de leer otros libros, excepto, la biblia pues en ella se "encuentran todas las respuestas a todas las preguntas".
El sentimiento de culpa se nos inculca desde temprana edad con el pecado original, el fruto del conocimiento, que no es otra cosa que la conciencia contra la ignorancia y la autodeterminación contra la sumisión, mientras clérigos y pastores practican su conocimiento en psicología social. En otros términos, saben cómo piensa, siente y actúa el pueblo y en consecuencia, saben cómo entrar en su conciencia y manipularlo. El ejemplo es odioso pero ilustrativo debido a la similitud del procedimiento. Los virus son parásitos intracelulares y para reproducirse necesitan de una célula huésped, una vez está dentro, reemplaza el genoma de la célula por su genoma y el virus dirige la síntesis de su proteína viral. Una vez se ha reproducido en cantidad, salen de la célula para infectar más células sanas. El temor al castigo divino facilita el control y la alienación colectiva y la castración del raciocinio conlleva al pensamiento unidimensional. Libres del incómodo ejercicio de la razón que es el sistema inmunológico cerebral contra la estupidez, se permite al sacerdote o al pastor obrar como su propia conciencia moral.
Valga la salvedad, las iglesias no matan como si lo hacen los virus pero exprimen espiritual y económicamente con el ardid para "la obra de Dios". A todo esto...¿En qué estará pensando Dios?