viernes 15 de octubre de 2010

Simbiosis


Un diamante en bruto se pulimenta hasta cobrar una forma geométrica perfecta pero, en esencia, es un mineral. De igual modo, podemos alcanzar un nivel espiritual elevado o en el menor de los casos, ser buenas personas, creyentes, piadosos y hasta hijos de Dios pero somos una especie más del reino animal, dotados de instintos primitivos que nos gobiernan a través de nuestros sentimientos, emociones, pasiones y deseos.


Dentro del arte no existe el bien o el mal menos aún la moral, por lo tanto, no rechazamos nuestras pasiones y deseos, todo lo contrario, los humanizamos, los enaltecemos para convertirlos en arte. La alquimia primordial con la cual glorificamos el alma humana a través de la belleza y es que la belleza no necesita explicarse para existir o ser aceptada, es una verdad incontestable a nuestros sentidos y a nuestro ser, la compartimos y la disfrutamos todos. Es como contemplar un bello y voluptuoso cuerpo desnudo en actitud de entrega, admiramos su belleza y nuestros instintos nos inducen a desear y poseerlo; la belleza y la pasión unidas en un solo canto a la vida.


Pero del otro lado de la vida, del otro lado de las formas y los colores, otro blanco diferente al que usamos para dar tonos de luz u oscuridad y que la mayoría de las personas identifican como sinónimo de pulcritud moral y espiritual, símbolo de pureza, virginidad y castidad, en ese sentido, el blanco de nuestros lienzos es un color vacio y muerto, simboliza la inercia y la nada.


Según se dice Dios creó el universo, la vida, la belleza y nos dotó de instintos a partir de la nada que, seguramente, era de color negro o blanco. Por alguna razón será, que la pulcritud moral y espiritual, la pureza, lo virgen y lo casto comparten su afinidad hacia lo blanco con todo aquello que simboliza lo estéril, la alienación, la enfermedad y la muerte, por que lo blanco, es el color predilecto con el cual se pinta laboratorios, hospitales, manicomios, morgues, cementerios e iglesias; todo cuanto de enfermizo se oculta en el espíritu humano, lo encubre el blanco.
Silvio del Valle

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