Un diamante en bruto se pulimenta hasta cobrar una forma geométrica perfecta pero, en esencia, es un mineral. De igual modo, podemos alcanzar un nivel espiritual elevado o en el menor de los casos, ser buenas personas, creyentes, piadosos y hasta hijos de Dios pero somos una especie más del reino animal, dotados de instintos primitivos que nos gobiernan a través de nuestros sentimientos, emociones, pasiones y deseos.
Dentro del arte no existe el bien o el mal menos aún la moral, por lo tanto, no rechazamos nuestras pasiones y deseos, todo lo contrario, los humanizamos, los enaltecemos para convertirlos en arte. La alquimia primordial con la cual glorificamos el alma humana a través de la belleza y es que la belleza no necesita explicarse para existir o ser aceptada, es una verdad incontestable a nuestros sentidos y a nuestro ser, la compartimos y la disfrutamos todos. Es como contemplar un bello y voluptuoso cuerpo desnudo en actitud de entrega, admiramos su belleza y nuestros instintos nos inducen a desear y poseerlo; la belleza y la pasión unidas en un solo canto a la vida.
Pero del otro lado de la vida, del otro lado de las formas y los colores, otro blanco diferente al que usamos para dar tonos de luz u oscuridad y que la mayoría de las personas identifican como sinónimo de pulcritud moral y espiritual, símbolo de pureza, virginidad y castidad, en ese sentido, el blanco de nuestros lienzos es un color vacio y muerto, simboliza la inercia y la nada.
Según se dice Dios creó el universo, la vida, la belleza y nos dotó de instintos a partir de la nada que, seguramente, era de color negro o blanco. Por alguna razón será, que la pulcritud moral y espiritual, la pureza, lo virgen y lo casto comparten su afinidad hacia lo blanco con todo aquello que simboliza lo estéril, la alienación, la enfermedad y la muerte, por que lo blanco, es el color predilecto con el cual se pinta laboratorios, hospitales, manicomios, morgues, cementerios e iglesias; todo cuanto de enfermizo se oculta en el espíritu humano, lo encubre el blanco.
Silvio del Valle
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