lunes 5 de julio de 2010

INTERLUDIO


Al igual, que la grácil doncella se abre tempranamente a su belleza enseñándonos sus encantos, y eclipsados con la suave fragancia de sus feromonas que la visten con gracioso aire y coquetería, del mismo modo, el capullo de flor abre sus pétalos exhibiendo el colorido y la simetría de su forma y en su fragancia, invita para su polinización a la frágil mariposa, la abeja laboriosa y al colibrí a libar el néctar de su polen. A lo largo y ancho de la tierra, la naturaleza en todo su esplendor rezuma de vida en una sucesión de instantes plenos y hermosos pero también transitorios y perecederos.
Como única especie, hemos logrado capturar esos instantes e inmortalizarlos en las artes y con la religión, la filosofía y la ciencia intentamos comprender el sino de la vida y de nuestra existencia. Probablemente, sea Dios solo un "sustantivo" con el cual conjugamos en la belleza de la vida nuestra embriaguez de vivir eternamente; quizá sea solo un nombre para abarcar el misterio del universo y evocar en nuestra contrariedad interior, nuestro anhelo de inmortalidad ante el destino inevitable de la muerte.


Silvio del Valle

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