domingo, 16 de mayo de 2010

Silencio divino


El eje teológico es simple pero de una eficacia sin precedentes y ante el poder económico y político alcanzado, se inclina el pueblo humilde, otrora los monarcas y hoy convive con la democracia y hasta con las tiranías, a fin de no perder su territorio espiritual. Este proceso de adaptabilidad y tolerancia que en el reino animal corresponde en algunas especies para sobrevivir a los depredadores, se denomina mimetismo; el silencio sepulcral y antisemita del papa Pío XII ante el genocidio nazi es un ejemplo emblemático.
A las preguntas sin respuestas ante el más allá, se alimenta el temor a lo ultraterrenal y la literatura escatológica sobre el apocalípsis y el juicio final se irriga a lo largo y ancho del tejido social. Con el timo del infierno y la promesa de ser salvos, las iglesias de todo pelaje y denominación usan la conciencia colectiva como cepa de cultivo para su metástasis religiosa; junto con la industria armamentista, el petróleo y el negocio de los estupefacientes, las iglesias son otro de los negocio más lucrativos, legal, exonerados de impuestos y sin ninguna fiscalización.
A mayor ignorancia mayor fanatismo, particularmente, parece el eslogan de las iglesias evangélicas al fomentar la idea sobre los peligros de leer otros libros, excepto, la biblia pues en ella se "encuentran todas las respuestas a todas las preguntas".
El sentimiento de culpa se nos inculca desde temprana edad con el pecado original, el fruto del conocimiento, que no es otra cosa que la conciencia contra la ignorancia y la autodeterminación contra la sumisión, mientras clérigos y pastores practican su conocimiento en psicología social. En otros términos, saben cómo piensa, siente y actúa el pueblo y en consecuencia, saben cómo entrar en su conciencia y manipularlo. El ejemplo es odioso pero ilustrativo debido a la similitud del procedimiento. Los virus son parásitos intracelulares y para reproducirse necesitan de una célula huésped, una vez está dentro, reemplaza el genoma de la célula por su genoma y el virus dirige la síntesis de su proteína viral. Una vez se ha reproducido en cantidad, salen de la célula para infectar más células sanas. El temor al castigo divino facilita el control y la alienación colectiva y la castración del raciocinio conlleva al pensamiento unidimensional. Libres del incómodo ejercicio de la razón que es el sistema inmunológico cerebral contra la estupidez, se permite al sacerdote o al pastor obrar como su propia conciencia moral.
Valga la salvedad, las iglesias no matan como si lo hacen los virus pero exprimen espiritual y económicamente con el ardid para "la obra de Dios". A todo esto...¿En qué estará pensando Dios?

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